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jueves, 17 de septiembre de 2020

El problema de la relación entre la teoría y la práctica


«Surge, inevitablemente, el problema de la relación entre la teoría y la práctica, que no dejará de imponernos algunas pequeñas charlas al respecto con miras a criticar nuestro propósito. Se nos dirá que no hay teoría sin práctica. Responderemos a esto que de la estrecha práctica sectaria no puede surgir ninguna teoría, ahí están quince años que lo demuestran. Pero, sobre todo, afirmaremos que nosotros somos materialistas porque consideramos que la práctica continúa siendo lo primordial. La teoría que nosotros queremos desarrollar responde a las cuestiones surgidas de la práctica, es decir, del desarrollo de la lucha política en nuestro país en la cual nosotros participamos desde hace quince años, lucha suscitada por los profundos antagonismos entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas a escala nacional e internacional. La práctica no es la insignificante agitación de una secta, la práctica es el movimiento real, la vida, la realidad del desarrollo capitalista francés junto a los antagonismos sociales y políticos que suscita. Con todo, la realidad francesa, su historia y su desarrollo reciente y actual siguen siendo un enigma para el movimiento maoísta. El estado de las relaciones de producción derivado del desarrollo imperialista de nuestro país, la nueva composición de clases que resulta de este estado, todo esto es tema tabú para el maoísmo, como lo es el problema de la división del proletariado, o el de la corrupción de los amplios estratos superiores de éste. Sin embargo, es sobre la aclaración de estas cuestiones que depende la elaboración de una teoría de la revolución en Francia. Hace falta ser profundamente deshonesto para pretender que estas cuestiones caigan del cielo y no surjan de la práctica. Los antimaterialistas son precisamente aquellos que no admiten el enorme retraso de la teoría revolucionaria sobre la práctica. Desde hace décadas, la práctica del movimiento obrero demuestra que él mismo busca desesperadamente –dada su ceguera– un camino para luchar de manera revolucionaria contra el imperialismo mientras que el revisionismo, que seguirá siendo hegemónico en tanto que el movimiento obrero permanezca ciego, justifica y conserva el imperialismo del que fue engendrado. Del mismo modo, el movimiento maoísta tiene cuidado de tratar explícitamente la existencia pasada y presente del sistema socialista en el mundo, cuestión que, sin embargo, ¡es inevitable que encuentre quien quiera que sea al pretender desarrollar un trabajo práctico con miras al establecimiento del socialismo en nuestro país!». (L’emancipation; La demarcación entre marxismo-leninismo y oportunismo, 1979)

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domingo, 24 de mayo de 2020

El marxista-leninista debe expresar su opinión no en base a opiniones sentimentales, sino en base a un análisis científico


«El materialismo es el único método científico que garantiza que la teoría revolucionaria exprese el proceso real, porque requiere que nos centremos en el estudio concreto de los hechos, de todas las formas de lucha de clases e implica que nos involucremos en un trabajo teórico con el único propósito de servir a la causa revolucionaria, de propagar los resultados entre los trabajadores y ayudarlos a su organización. Es el movimiento real, mediante el estudio, mediante el análisis concreto, que descubrimos las propias leyes de su desarrollo revolucionario, fundamento de la estrategia y tácticas del partido proletario; y no a través de fórmulas preparadas, dogmas o sentimientos. Esto significa que los comunistas deben romper definitivamente con el llamado «marxista-leninista» y sus prejuicios, poner fin a la polémica sobre palabras, opiniones a favor o en contra sin fundamento científico, negarse a tomar posiciones sin previo análisis concreto. (…) El objetivo de los comunistas es llevar a cabo la acción revolucionaria hasta el término de su victoria. Para ello se debe adquirir un pensamiento revolucionario que no ocurre milagrosamente sino que debe ser desarrollado científicamente. Este pensamiento no tiene nada que ver con el sentimentalismo pequeño burgués y la cohorte de prejuicios que a él acompañan. Es únicamente asimilando el marxismo-leninismo y aplicándolo científicamente que se puede a llegar a obtener este pensamiento, lo que supone colocarse bajo el punto de vista materialista-dialéctico, en la cosmovisión del proletariado y de su misión histórica, suponiendo considerar al marxismo-leninismo como una ciencia». (L’emancipation; La demarcación entre marxismo-leninismo y oportunismo, 1979)

martes, 20 de noviembre de 2018

¿Cuáles son los defectos clásicos de una agrupación política maoísta?

Sartre repartiendo el periódico maoísta «La causa del pueblo»

«Esta actitud resulta del oscurantismo de nuestro pequeño burgués, de su negativa de toda teoría en general: procurando enmascarar su pasión por la ignorancia por la pasión de la organización, hace de ésta la primera condición de la unidad ideológica, la fuente de toda teoría. Ve en la organización no la fuerza que permite a la teoría revolucionaria materializarse y adquirir su potencial efectivo, sino el instrumento que llena el vacío teórico, consuela la ausencia de estrategia y hace olvidar la ligereza de algunas de las tácticas. Es la organización-muleta, que les permite a nuestros lisiados sin piernas avanzar. Es por eso que, a los ojos de nuestros maoístas, la organización tiene algo misterioso y es valorado como algo milagroso. Así como el crisol donde el alquimista transforma el vil plomo en oro brillante, cambiando por sus mismas virtudes, a nuestro ignorante pequeño burgués en un dirigente revolucionario. Diez no marxistas aislados, juntos forman una organización marxista, tal es el invariable precepto de base del movimiento maoísta. (...) 

martes, 3 de enero de 2017

El maoísmo siempre aboga por un pragmatismo debido a su espontaneísmo pequeño burgués


«La concepción maoísta de las relaciones entre la teoría y la práctica consiste en un pragmatismo plano. Detrás del culto a la «práctica» se esconde de hecho, la incomprensión de la posición materialista del marxismo-leninismo sobre esta cuestión. El maoísmo es incapaz de concebir la teoría como la generalización científica de la multitud de los hechos económicos, sociales y políticos, etc., que libra la vida en todos los dominios, donde ella confirma o invalida a cambio las tesis y las concepciones, para su desarrollo ulterior y la acción que se puede tomar para la transformación. Si los hechos son la base de toda teoría, ésta es científica sólo en la medida que se eleva a la generalización y la abstracción, donde se separa del aspecto singular, particular y contingente, inherente de los hechos, para comprender la universalidad. La teoría es entonces, y sólo entonces, guía verdaderamente la acción revolucionaria, por su rectitud y su alcance, porque ésta se vuelve entonces capaz de guiar la puesta en ejecución de los medios que permiten influir en los factores determinantes –en Francia actualmente y estratégicamente los factores subjetivos de la revolución–, para hacer posible la maduración de las condiciones de la revolución y la victoria de esta última. Sin base teórica, sin concepciones teóricas, sin visión estratégica y táctica, no sólo la práctica es ciega, sino que a pesar de que tenga algún contenido positivo, las contribuciones que se entregan ineluctablemente a la teoría –por la acumulación de experiencias directas a gran escala– no pueden ser a su vez generalizadas ni ser utilizadas para rectificar o enriquecer ni la teoría ni la práctica. Por lo tanto, fuera del movimiento obrero, el movimiento maoísta se confina a un menú practicista y mantiene la ignorancia en cuanto a los métodos y el papel esencial del trabajo teórico comunista». (L’emancipation; La demarcación entre marxismo-leninismo y oportunismo, 1979)